18.10.07

Para que no me olvides

El principal problema de comprar una cámara grande es que no siempre te la puedes llevar de paseo. Lugares a los que haya que ir en bici, en los que haya erasmus de fiesta o en los que la música en directo amenice el ambiente, no podrán ser retratados por mi cámara. Qué quereis que os diga, la cámara es cara, pesada y delicada, además, un objeto que a cualquier ladrón le gustaría añadir a su colección.

El problema es que, precisamente, los momentos que a uno más le apetecería capturar, congelar, recordar, son en los que, por una cosa u otra, no llevo la cámara encima. Antes no me importaba, nunca puse atención ni en las cámaras ni en las fotos. Ahora, sin embargo, se puede llamar obsesión a lo que siento; una obsesión por tener una imagen de cada uno de los buenos momentos por lo que estoy pasando en mi nueva ciudad. Una imagen que al mostrarla a los demás y a mí mismo muestre que por lo menos durante un rato, mi vida no fue aburrida.

En honor a esos momentos invisibles subo esta foto en negro. Una foto que yo llenaré con el recuerdo y vosotros, si quereis, con vuestra imaginación. Un recuerdo que, entre otros, podría ser el concierto gratuito que Manu Chao dio en una plaza de la ciudad, o aquella danesa despampanante que me habló en castellano durante 40 minutos, o ese danés de 50 años al que vi meter en la cesta de la compra que llevaba su mujer un DVD de Bud Spencer. Qué pena no poder verlo otra vez.

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